Cantares del Alma. Carlos Bonilla Chávez.

Entrevista a Carlos Bonilla Chávez realizada el 16 de marzo de 1969 por Francisco Horacio Romero Albán / Jefe de Redacción de la Revista Estrellas.

Domingo 16 de marzo de 1969. Nuevamente estamos en Quito para cumplir otra tarea de ESTRELLAS, empeñados como estamos en brindar a los lectores la verdad sobre la música ecuatoriana y sus famosos compositores. Llevamos algunos nombres en carpeta siendo el primero de la nómina Carlos Bonilla Chávez, autor de la letra y música del conocido pasillo “Cantares del Alma”. No es esta su única gran composición, pero es tal vez la más popularizada y la que a nuestro entender mayores satisfacciones debe haberle prodigado. Por eso titulamos a estas páginas CANTARES DEL ALMA.

Carlos Bonilla Chávez tiene su domicilio en Las Casas y Segunda Transversal, Villa No 780, Quito. Nuestra entrevista se cumple en una bien arreglada sala que, vista desde cualquier ángulo, muestra la real presencia de la música: dos contrabajos, un piano, partituras, libros de música clásica, fotografías de sinfónicas, coros etc. A esto se añade un trío femenino en persona al que ensaya este maestro para una próxima grabación.

Comenzamos a tomar apuntes cerca de las 6 de la tarde. Nuestro entrevistado nos dice: Ha escogido usted el mejor día. Estas horas son las que a medias me quedan libres durante la semana.

– ¿Cuál es su horario de trabajo semanal?
– De lunes a sábado trabajo en la siguiente forma: de 8 a 10 de la mañana, dictó la cátedra completa de contrabajo guitarra (siete cursos) en el Conservatorio Nacional de Música. De 10:30 de la mañana a 1 de la tarde, ensayamos en la Sinfónica, de la cual soy su primer bajista. Por la tarde dictó clases en la Academia de Música del profesor Clodoveo González y en el Instituto de Música Sacra. A continuación, dirijo los ensayos del coro del Centro Ecuatoriano Norteamericano. Luego, dictó clases particulares de contrabajo y guitarra. A partir de las diez de la noche estudio con mi guitarra hasta la hora del sueño. Los domingos, por la mañana, preparo los arreglos de piezas que se van a grabar y, por la tarde, ensayo a sus intérpretes o participó en cualquier grabación. Si es que tengo un rato libre, voy a misa. Si no…que goce el diablo asegurándose mi alma… 

Con un poco de buen humor de rato en rato, entramos en materia propiamente dicha. Cuatro horas de conversación con Carlos Bonilla Chávez nos descubre lo que a continuación anotamos.

Descendencia y estudios.

Carlos Raúl Bonilla Chávez, nació en Quito el 21 de marzo de 1923. Muchos años atrás, en este mismo mes y día vio la luz el gran maestro de la música clásica Juan Sebastián Bach. Interesante coincidencia como esta otra: Bonilla Chávez vino al mundo con un oído totalmente perdido y el otro fallo, al igual que Beethoven.

Sus padres, vivos y actualmente radicados en Quito, son: Carlos Bonilla, ibarreño, y Carmela Chávez, otavaleña, sobrina del conocido musicólogo Virgilio Chávez. Doña Carmela, aprendió, desde sus primeros años. la guitarra y la bandolina, “espiando” las clases que dictaba un profesor a su hermana mayor. Ya casada, transmitió esos conocimientos a su esposo, formando un dúo (él: bandolina, ella: guitarra) que deleitaba a sus familiares dentro del hogar.

Carlos fue el primogénito de dicho hogar, siendo sus hermanos: Julieta, Inés y Héctor. Solamente los varones contrajeron la trayectoria musical de sus mayores. Héctor pianista de categoría internacional es, a la fecha Director Artístico de IFESA, la primera Industria fonográfica del país. Sus estudios primarios y secundarios cursó Carlos Bonilla Chávez en la Escuela de los Hermanos Cristianos, Escuela Fiscal Leopoldo Chávez (su tío) y el Colegio Nacional Mejía, de Quito, respectivamente. Pero no concluyó la secundaria pues al tercer año se retiró definitivamente: ya era un guitarrista solicitado y por andar en serenatas descuidó el estudio.

Primeras manifestaciones musicales

– ¿Cuál fue su primer contacto con la realidad musical?
– A los 8 años, más o menos, ya me interesaba como mis padres tocaban la bandolina y la guitarra. Una noche me llamó mi padre y me dijo: “Aprende a tocar la guitarra”. Sorpresivamente aprendí una pieza, la misma que toque primero con él y luego con mi madre, siendo ello motivo de alegría para todos. Pero esta alegría duró muy poco para mí, por cuanto ellos me prohibieron terminantemente volver a empeñar una guitarra. Temían, debido a mi habilidad, que me convirtiera en guitarrista, al que para toda mi familia era una “profesión de borrachitos”. Es que recordaban que mi primo Jaime Boada por tocar bien este instrumento abandonó sus estudios al tercer año de secundaria. 

– ¿Qué hizo usted en esa circunstancia?
– Todo lo hacía a escondidas, aprovechándome de cualquier instante que mis padres estuvieran fuera de casa para tocar la guitarra. A esto hay que añadir que yo era el primer espectador en los ensayos de Jaime Boada (vivían en la misma casa) con el “Potolo” Valencia, Gonzalo Benítez y otros buenos artistas de aquella época. Oyéndolos se me metía la música en el cuerpo y en la primera oportunidad intentaba lo que les había escuchado. Con el tiempo me dejaron participar en sus ensayos.

Profesor de guitarra a los 13 años

– ¿Así fue como usted llegó a dominar la guitarra?
– Efectivamente, pero sólo de oído. Las primeras interpretaciones para otras personas tuvieron lugar durante serenatas, a principio gratis y luego con algo de remuneración para nosotros.

– ¿Esas fueron las primeras monedas ganadas con el sudor de… “sus manos”?
–  Esas y las que me pagaban por mis clases de guitarra. Yo la estaba a muchos amigos, algunos de los cuales llegaban a los cuarenta años. Para entonces yo tenía no más trece años. Me pagaban cincuenta centavos por clase y, a veces, me hacía hasta diez sucres diarios.

– ¿Y el colegio?, ¿Ya se había retirado usted?
– Ya llegamos allá. Están en el Mejía me encontré con otros compañeros a quienes les gustaba la música. Los ayude con lo que yo sabía y, luego formamos, un conjunto de guitarras. Para los ensayos arrendamos una pieza y ahí nos pasábamos horas y horas, sobre todo por la noche, en espera de nuestros “clientes”. Las diarias serenatas y circunstancias afines me precipitaron a la vida bohemia desde los 14 años y determinaron me retiro definitivo del colegio, pues solo llegaba a dormir a las aulas de clase. La vida bohemia de la que hablo no hace referencia a la bebida, pues yo no tomaba.

Cuando mis compañeros libaban, a mí me daban en lugar de tragos, o cigarrillos que me gustaba mucho, o caramelos o pastas.

Aprendizaje académico.

– ¿Cuándo ingresó al Conservatorio Nacional de Música de Quito?
– El año 1940, a los 17 años. La señorita Rosario López, propietaria de la casa donde vivíamos, era alumna del quinto curso de Conservatorio en arpa y violín y al mismo tiempo recibía mis clases de guitarra. Sorprendía de la forma cómo le enseñe la teoría de las quintas, que para ella era desconocida, y la práctica, en aquello superaba sin ningún conocimiento académico, me aconsejó un día ingresar al Conservatorio. Le pregunté que se aprendía allí y ella me dio una idea general sobre dicha institución desconocida hasta entonces para mí. Poco después, contra la voluntad de toda mi familia me matriculé, sirviéndome como representante un alumno mío que tenía treinta años Gonzalo Loza, dueño en estos días, de un almacén de calzado en Cali… Ninguno de mis familiares quiso servirme de representante.

– ¿Qué instrumento escogió primero, el contrabajo o la guitarra?
– Ninguno de los dos. Me matricule primeramente en los cursos de piano y violín. Después, considerando que dichos instrumentos tenían poca explotación comercial, me cambié al contrabajo. Mi primer profesor fue Luis Salcedo, el mismo que murió a los 3 meses de enseñarme sus conocimientos. Entonces, continué estudiando solo, con ayuda de modernos métodos que pedí a Estados Unidos e Italia.

Me gradué en 1950, siendo hasta la fecha el único concertista en bajo titulado en el Conservatorio. Los conocimientos que adquirí allí con el bajo, los apliqué posteriormente a la guitarra.

– ¿Cuántos curso abarca la enseñanza del bajo en el conservatorio?
– Usted me lo pregunta seguramente porque ingresé en 1940 y me gradué en 1950… Bien, son siete cursos… Conmigo ocurrió lo siguiente: Hice los tres primeros a partir de 1940 y, me ausenté del Conservatorio hasta 1949, y cuando regresé, en un solo año estudié los cuatro restantes.

Guitarrista y bajista profesional

 – ¿A qué año se remonta su primera actuación en programas artísticos de importancia?
– A 1942, cuando contaba con 1diesinueve años. En la desaparecida Radio Juventud, entré ganando 80 sucres mensuales para acompañar a los artistas que actuaban en los diferentes programas musicales e interpretar como solista la guitarra, el contrabajo y el piano. Por esos días actúan en programas similares de otras radios destacados pianistas como Humberto Santacruz y Víctor de Veintimilla.

– ¿Qué tiempo permaneció en radio juventud?
– Días nada más, porque después del éxito arrollador de la segunda audición de un programa sabatino, “Desfile de Estrellas”, fui requerido por Radio Quito para que las haga de guitarrista principal de la Emisora y dirigía el Conjunto “Los Nativos” que reemplazaría al de “Los Nativos Andinos” que acababa de retirarse. Entré ganando ciento cuarenta sucres; pero después del primer programa, el entonces Gerente Don Gonzalo Bueno me subió 100 sucres más y mi presupuesto 50 sucres extras por cada acompañamiento a artistas extranjeros. Al año, ganaba 1500 sucres por mes trabajando como máximo una hora diaria. En esa época que la considero como la de mi formación profesional, me dediqué por entero a la guitarra, estudiando Hasta 11 horas diarias. Agradezco por ello a Radio Quito puesto que lo bien que me pagaban me permitió acumular conocimientos y contarme de una fantástica biblioteca musical.

– ¿Hasta cuándo trabajó en Radio Quito?
– Déjame primero contarle una anécdota…Cierto día de 1949, al salir de un programa de esta emisora un aficionado me dojo: “Por lo visto usted no va a dejar nunca Radio Quito”. Le respondí: “Sólo me iré de aquí cuando se queme” … Ocho días después me quedé sin trabajo pues Radio Quito desapareció bajo el fuego producido por la multitud fuertemente impresionada por aquel radioteatro que simulaba la invasión de la tierra por seres del planeta Marte (sobre la obra “Guerra de los Mundos de H.G Wells). En este momento de nuestra entrevista el maestro Bonilla nos narra pormenores de la mencionada tragedia de la antigua Radio Quito. Anotamos solamente la que incumbe a su persona.

– Aquel día, pasadas las ocho de la noche fui a la Radio, ya que tenía un programa a las 10:00 Alrededor del edificio vi mucha gente; pero, no me llamó la atención porque creí que escuchaban algún programa deportivo, como se acostumbra va por esos días en que escaseaban los receptores. Solamente cuando estuve en el interior del edificio me percaté de lo que estaba ocurriendo. Alguien, a fin de protegernos, caso de cualquier acción mayor de parte de la multitud, nos encerró en el bar, con candado por fuera: Al “Potolo” Valencia, al violinista, Perfecto Alvarado, al pianista Raúl Molestina a mí y otros. Los dos últimos murieron, al tratar de ponerse a salvo del fuego, bajando por los ladrillos salientes del edificio. Yo, utilicé los mismos medios para escapar, pero tuve la suerte de no caerme, como los dos fallecidos, a pesar de que los ladrillos recalentados me quemaban las manos. Puse los pies en tierra y corrí a mi casa a calmar a mis familiares que estaban desesperados.

– ¿Y qué hizo después?… ¿Con quién o quiénes trabajo?
– Unos días más tarde llegó a Quito un pianista checo llamado Manser, quien ya tenía conocimiento de mí.  Fue a mi casa y me invitó a formar un trío a base de piano, batería y bajo, para actuar en recepciones diplomáticas. Acepté ya que la propuesta desde el punto de vista económico era buena y me dediqué al bajo, al que había olvidado por la guitarra. Entonces fue cuando volví al Conservatorio.

Profesor de música
– En cuanto me gradué en el Conservatorio fui de profesor de Música en el Colegio Nacional Mejía y después fue nombrado Inspector General del Conservatorio, dignidad que en ese entonces correspondía al de la segunda autoridad de dicha institución. Tenía 27 años de, cuando se me asignó este puesto. Un puesto bueno como usted ve, pero no me gustó, porque yo me consideraba desde aquellos días un hombre artista y no de escritorio. Finalmente me quedé como Profesor de Materias Teóricas continuando hasta la presente, salvo leves interrupciones voluntarias por cambios en mi trabajo.

– ¿Cuál fue su mayor satisfacción como profesor?
– La de todos los días: Brindar a los alumnos ese conocimiento que yo adquirí en otros tiempos y que en todo instante me esfuerzo por acrecentar. Me satisface enseñar como un sacerdote y facilitar todo el al alumno para que asimile y progrese. Y me satisface también encontrarme con alumnos que tocan o que llegarían a tocar más que m. Por otra parte, me enorgullece el hecho de que no está sinfónica no necesitará, quién sabe hasta cuándo, contratar extranjeros para el bajo, como acostumbraba para otros instrumentos, porque estoy dejando una buena generación de bajistas.

– ¿Algún otro hecho que destacar en su trayectoria como Profesor?
– En 1962, se estableció por primera vez la Cátedra de Guitarra en el Conservatorio, recayendo está bajo mi responsabilidad. Hasta la presente la dictó y estoy muy contento puesto que algunos de mis alumnos ya son concertistas destacados, tales como Gonzalo Cepeda, actualmente fuera del país. Otros están por serlo, interpretando a los clásicos con la guitarra, como lo hago yo.

Primer bajista de la sinfónica

– Hace unos pocos años, cuando se creó la Orquesta Sinfónica de Quito, se contrató a varios extranjeros como cabeceras de instrumento, a falta de nacionales experimentados. Sin embargo, para el contrabajo no fue necesaria ninguna importación, porque como primer bajista nada tenía que desear Carlos Bonilla Chávez, de ningún valor extranjero. Y en el puesto que se le confío desde el comienzo permanece aún, admirado a propios y extraños con su experiencia y habilidad. El Maestro Bonilla nos refiere la siguiente anécdota:

– Con oportunidad del arribo de la Sinfónica de Washington a Quito, pedía a su primer bajista ciertas indicaciones delante de mis alumnos, a fin de aprender algo más personal y colectivamente. Pero, y de estos son testigos mis alumnos, llegó un instante en que fui yo quien tuve que darle indicaciones no sólo a él sino a los siete bajistas de la Sinfónica Norteamericana.

Un dato interesante es que el sistema de digitación de Bonilla Chávez es diferente al de otros bajistas, al sistema clásico, mejor dicho, pues él aplica al bajo la digitalización guitarrística. Esta circunstancia sorprendió al Maestro Ernesto Xanco, primer director de la Sinfónica de Quito y uno de los mejores solistas del mundo, según criterio de Bonilla Chávez. La misma grata impresión se han llevado otros maestros que han pasado por la Dirección de la misma Orquesta. A la trayectoria de Carlos Bonilla Chávez, como bajista, hay que agregar que ha incursionado en toda clase de música: popular, semi clásica, clásica, nacional, internacional, etc.…acompañando en distintas ocasiones a un ballet ruso, una ópera italiana, una revista musical norteamericana y otras agrupaciones artísticas del país y el extranjero.

Arreglista y director de grabaciones

Esta faceta de Carlos Bonilla Chávez tiene que ver con la Industria del disco a la que en muchas oportunidades ha servido con sus conocimientos, sobre todo en el campo del arreglo o instrumentación musical. Su éxito de mayor resonancia en este aspecto es, sin lugar a duda, aquel primer premio que conquistó en un Concurso Hispanoamericano en Barcelona hace algunos años la canción “Tú y yo”, de Francisco Paredes Herrera, interpretada por los hermanos Miño Naranjo y cuyos arreglos corresponden a nuestro entrevistado. Un triunfo que él lo puede reclamar para sí porque, como la crítica musical o anota a menudo, el arreglista encumbra o sepulta al compositor y al intérprete. En este caso, el arreglista Bonilla Chávez descubrió en el ámbito internacional la fecunda Inspiración de Paredes Herrera y determinó el mayor triunfo logrado hasta ahora por los Miño Naranjo.

– ¿Considera usted, como sus mejores arreglos los de “Tu y Yo”?
– Al igual que otros entendidos en la materia creo que mis mejores arreglos son los que efectúe para un Long Play de un conjunto mal denominado “Quinteto Sinfónico”, por encargo de Luis Aníbal Granja.

– ¿Por qué es mala esa denominación de “Quinteto Sinfónico”?
–  No se puede denominar sinfónico a un quinteto, porque el terminó implica sinfonía, una orquesta grande. Ni a una orquesta de cámara de veinte o treinta intérpretes se la puede llamar sinfónica. Este término sólo está bien para agrupaciones de sesenta o más maestros.

– ¿Qué más puede decir no sobre su actividad en este campo?
– Que más he hecho por la música de otros que por la propia. Es decir, mayormente me he preocupado por instrumentar las composiciones de mis colegas, descuidando relativamente las mías… A veces pienso que esto podría ocurrirle a cualquiera.

Director de coros.

Carlos Bonilla Chávez ha tenido destacadas actuaciones y promete mucho más como Director de Coros. Hasta parece que en estos últimos tiempos sus mayores esfuerzos están contratados en esta línea del arte musical. Veamos lo que nos dice al respecto:

 – Lo único que no había hecho hasta seis años atrás y que ni pensaba hacerlo era lo de los coros. Sin embargo, cuando ha pedido de los integrantes del Coro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Pichincha, acepté la Dirección de este, descubrí que era el campo musical más bello. Y tiene que ser así, debido a que uno trabaja con la voz humana, el primer instrumento, aquel que frente a la necesidad de imitárselo se lo determinó la creación e invención de los instrumentos conocidos. Le agradezco a este Coro que me dio la oportunidad de sentir una nueva y gran satisfacción artística.

– ¿Cuáles fueron sus experiencias dentro del Coro de la C.C.E?
– Muchas. A pesar de que sus integrantes no eran verdaderos profesionales sino gente que se esmeraba a la costa de sacrificios, me enseñaron a tener paciencia y a comprender las fallas del aficionado. Me enseñaron a ser exigente y aflojar un poco la mano, según el caso. Así, aprendiendo unos y otros, avanzamos hasta el triunfo, en nuestro país, que es cosa difícil ya que nadie es profeta en su tierra, y en el extranjero. Chile, Perú, Colombia y Estados Unidos fueron escenarios del triunfo del coro y, consecuente, de mis arreglos.

– ¿Hasta cuándo dirigió el coro de la C.C.E?
– Hasta el año pasado en que me retiré.

– ¿Por qué?
– Mi retirada se debió a que yo no estaba de acuerdo con la nueva estructura de la Casa de la Cultura. En la música, Sr. Periodista, no se puede ser político, porque el sonido tiene que salir como es y no de acuerdo con las conveniencias de tal o cual ideología o partido. Cuando la política se introduce en la música se comete torpezas, ruindades, traición a la Patria como esa de valerse de nuestro sagrado Himno Nacional para satisfacer oscuros propósitos. De esto, discúlpeme usted, prefiero no continuar hablando.

– Bien, hablemos de su trabajo como director del Coro del Centro Ecuatoriano Norteamericano de la Capital.
– En los cuatro meses de ensayo que lleva, el Coro alcanzado un buen sitial. La crítica especializada lo encuentra bueno y cree, como nosotros, que llegara muy lejos. Desde el comienzo lo bauticé como Coro “Espectáculo”, ya que cuenta además con solistas, dúos y tríos, variedades en general, gracias a que sus integrantes son artistas cinco por ciento. Le veo un porvenir brillante al Coro, y, me encantará resaltar el criterio del director del Centro quién después de los primeros éxitos de Expreso de esta forma: “Con este Coro nos iremos a la Luna”. Lo integran quince mujeres y quince hombres y próximamente realizará una gira por los Estados Unidos.

Carlos Bonilla el compositor.

– Cronológicamente este capítulo es uno de los primeros en evolución artística de Carlos Bonilla Chávez; pero lo hemos dejado para tratarlo al final por ser el más importante para nosotros. Es uno de los primeros por cuanto casi todas sus composiciones corresponden al período comprendido entre sus 19 y 24 años.

– ¿A qué número asciende en sus composiciones?
– Cincuenta más o menos, en el género popular. La mayor parte están grabadas.

– ¿Por qué el grueso de estas se limita, se ubica antes de sus 24 años?
– Porque mis canciones fueron incomprendidas en ese tiempo y me vi obligado a plantarlas. Después de muchos años, recién se interesaron los productores fonográficos y las llevaron al disco. Aunque usted no lo crea, al principio, no gustaron me ni “Cantares del alma”, ni” Subyugante”, ni “Atahualpa”, para no citar a otras.

– ¿Aparte del género popular tiene otra clase de canciones?
– Sí, temas para solo de guitarra, estilizando el tema autóctono y el mestizo. Hace 10 años se me ocurrió, también, hacer sinfónicas y compuse la “Suite Andina” (reunión de danzas indígenas) de hora y media de duración. Dicha pieza se estrenó en 1958 y se repitió hace un año en el Teatro Sucre. No seguí con obras este tipo porque requieren un gasto fuerte en tiempo y dinero.

– ¿Qué ha creado en estos últimos años´?
– Pocas canciones y sólo por necesidad. Así, por ejemplo, para completar el disco de “Subyugante” compuse un vals titulado “Añorando tus caricias” … Repito, mis principales temas nacieron en etapa de mi juventud.

– ¿Ha habido algún motivo especial de inspiración en su vida?
– Todas mis canciones me las ha inspirado mi guitarra. Yo no soy como muchos compositores que están inspirados en el correr de un río, en una mujer, en una pasión y cuanta cosa más. A mí solo se me ha inspirado mi guitarra, y no he tenido necesidad de ningún estimulante; solo necesidad de estar en mis cinco sentidos. Mi sordera, por lo que me apodan “Sordo Bonilla”, no ha sido obstáculo en ningún momento pues sí es verdad que no capto bien la palabra también verdad que para la música tengo un oído especial. Por eso le hablo de mis cinco sentidos, aunque parezca irónico… Otro dato que debe usted anotar es que mis composiciones, o la mayoría, han logrado su título por otras personas y no por mí. “Chasqui”, por ejemplo, fue titulada en una reunión, luego de su interpretación, por supuesto, por el conocido pintor Víctor Mideros, quién después hizo un cuadro con el mismo título representando a un chasqui corriendo a entregar la encomienda. Y así otras por el mismo estilo.

Principales temas.

Al llegar a este punto, tomamos nota de las letras que recuerda nuestro entrevistado, los mismos que, al decir suyo, son las principales. Luego, se los enumeramos uno por uno a fin de que él nos diga lo que más para nuestra crónica, pues, consideramos que tras cada título hay datos importantes, a pesar de estas canciones se la inspiró su guitarra… Comencemos.

 Las quiteñitas.
– Es un aire típico orquestado, la primera de mis composiciones. Nació allá por 1936-37 (Tenía 13 o 14 años) en la soledad de mi pieza ubicado en las calles García Moreno y Oriente. Como nunca se me ocurrió registrarla, cuando ya se popularizó, surgieron muchos reclamándola como propia, y hasta ahora hay quienes pretenden adueñarse de la misma. Como tiene tantos “dueños” ya no quiero ni considerar la mía. En vista de su popularidad, José Becerra, actual director de la Banda de la FAE, la adaptó a varios instrumentos y, como éramos amigos, la grabamos hace unos veinte años. En los discos le ponen como de autor anónimo y casi nadie sabe que es mía. Y eso que la tocan muchas orquestas, sobre todo al final de los bailes con el apodo de “el Mambo”

Atahualpa
Es un Jumbo, ritmos que antes nadie había compuesto. Me salió una noche que estudiaba con mi guitarra, pero ni siquiera se me ocurrió escribirla. Eso fue allá por 1943-44. Cinco años más tarde verificando los arreglos para un conjunto denominado “Los Barreiros”, de Quito, me acordé de esta pieza y se la cedí para la interpretación. Posteriormente, un conjunto de órganos, violines y guitarra la grabó para discos “Nacional” de Gustavo Miller, con arreglos míos. Para entonces sólo tenía la música. En 1953, más o menos, me vi obligado a componerle una letra, a solicitud de Humberto Carrillo, director del Coro Quito. Este señor escucho la instrumentación una de las audiciones Radio Quito, le gustó Y vio la conveniencia de que la interpretará el coro bajo su dirección. El Coro Quito fue el primero en grabar letra y música de Atahualpa. Cosa igual y su año después el Coro de la C.C.E., Núcleo de Pichincha. Esta composición hasta la presente sirve de característica de Radio Atahualpa de la Capital y de varios programas musicales ecuatorianos.

Cantares del alma.
Este pasillo fue otra de las tantas músicas que comparte que compuse entre mis 19 y 24 años. Escribí su letra en una noche de insomnio hace unos diez años, porque estaba entre las grabaciones acordadas para Eduard Brito… quién fue el primero en llevarlo al disco… Esta letra que escribí para mis propias canciones me nacieron de un momento a otro y están perdidas de tiempo las puse en el papel, porque, al contrario de la música que puedo retenerla años y años en la mente, la letra se me olvida fácilmente. debo también informarle que mis versos no están inspirados en ninguna persona o hecho, si no que responden a un tema generalizado, a algo que cualquiera puede sentir a pensar en cualquier momento de su vida emocional.

Hacemos un breve paréntesis dentro de este capítulo concretando a las composiciones y preguntamos al maestro Bonilla Chávez sobre sus primeros contactos artísticos con Eduardo Brito, brillante intérprete cuyos mayores triunfos fueron a base de “Cantares del alma” “Subyugante” y “Añorando tus caricias”. Nuestro entrevistado nada la siguiente anécdota: –Descubrí a Eduardo Brito un día que llegó a mi casa enseñar en compañía de Gonzalo Moncayo. Desde el primer instante vi que en él había mucha madera de artista. Otro día, Gustavo Miller de Discos Nacional me dijo: “Busquemos una nueva voz para nuestras grabaciones”. Con esa consigna en mente, dejé la oficina de Miller y avancé hasta la esquina de la iglesia de San Agustín, donde encontré a Brito meditando en no sé qué. Nos saludamos y antes de cruzar otra palabra le propuse “Quiere grabar” … “Con todo gusto” -me dijo- Nuevamente hablé “Vaya a las siete de la noche a mi casa”. Eduardo Brito estuvo puntual y después y respondió a mis deseos. Durante los ensayos a los pocos días comenzamos a grabar. Primero fue un vals, en homenaje a su madre, que años atrás entonaba su padre en Portoviejo (tierra natal de Brito) y que comienza con estos versos: “En tu día yo te felicito, madre mía con el corazón” Luego, “Cantares el alma”, “Subyugante”, “Añorando tus caricias”, etc.

Subyugante
– La música de este pasillo es de la misma época de “Cantares del alma”. La letra es original de Gonzalo Moncayo, quien la escribió por los días en que se iba a ensayar con Brito a mi domicilio. Una noche me la mostró de pronto, la leí, la acoplamos a la música y días más tarde la grabó por primera vez Eduardo Brito. De esto hace unos diez años aproximadamente… Recuerdo que cuando salió en el disco esta canción y otras de mi juventud, me encontré, en una de las calles con de Quito, con un amigo de años atrás, quién me habló de esta manera “Hace muchos años usted me dijo que sólo con el tiempo comprenderían su música…así está ocurriendo maestro Bonilla usted parece profeta” …

Añorando tus caricias.
– Es un vals   compuesto diez años, porque necesitaba una pieza para grabar al reverso de “Cantares del alma”. La letra es original de Eduardo Brito, su primer intérprete.

Idílica.
– Pasillo, letra y música mía, compuesto diez años atrás expresamente para que lo grabará Rubén Barba.

Ponchito al hombro.
–  Es un aire típico de pura música, compuesta en la época de “Cantares del alma” y “Subyugante”. Los primeros en grabar fue un Quinteto de Cuerdas y Órgano al reverso del yumbo “Atahualpa”. Posteriormente lo grabó el mentado Quinteto Sinfónico en un Long Play

Indiecito otavaleño.
– Sanjuanito de la misma época que la anterior, grabado por primera vez por el “Quinteto Sinfónico” en el mismo Long Play… Insisto, señor periodista, y quiero que de esto tomé nota: Todos los arreglos de dicho Long Play son míos, siendo testigo de esto el “Gordo” Torres, que los grabó y que ahora trabaja de locutor en Radio Quito… Haciendo dichos arreglos me pase varias noches, y unas de ellas, al encender la estufa y contagiarse un galón de gasolina que sé que se encontraba cerca casi vuela mi casa con todo.

 Vida de mi vida.
– Tonada, con música de mis años mozos. Hace diez años la escuchó un productor fonográfico y me pidió escribir a letra para que la grabará Lidia Uquillas.

El maestro Bonilla considera que las anotadas son principalmente composiciones. Para terminar con este capítulo nos citas otras “Ecuatoriano” pasacalle, “Beatriz” pasillo, dedicado a su esposa “Danza Shiry” y “Tambores Shirys” (ritmos autóctonos), Rimini, Rimini (ritmo incaico) etc.  Casi todas dotadas únicamente de música.

Títulos premios.

 – Aparte de los cargos y funciones anteriormente anotados, Carlos Bonilla Chávez, posee entre otros títulos los siguientes: Miembro del Ateneo Ecuatoriano desde 1956, Miembro del Instituto Folklórico de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Representante de la Comisión de la UNESCO por las Artes Musicales del Ecuador. Es también Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, pero no se considera como tal en vista de que no asiste a sus sesiones desde hace meses.

Entre sus premios y estímulos se encuentran: Diploma del Centro Experimental “Eloy Alfaro” por la música del Himno sobre la letra de Pablo Aníbal Vela; Diploma del Municipio de Quito como “Buen ecuatoriano”, año 1965; Diploma y Medalla de Oro del personal de profesores asistentes al primer curso de Capacitación musical de CIESPAL  1961; Diploma y Medalla de las Fuerzas Armadas y muchos otros extendidos por instituciones públicas y privadas por su labor artística.

Hogar.

Carlos Bonilla Chávez contrajo matrimonio con la señora Beatriz Cabrera Padilla el 27 de junio de 1943. Juntos han procreado los siguientes hijos: Carlos, segundo bajista de la Sinfónica y estudiante del sexto curso de su instrumento en el Conservatorio; Alicia, estudiante del cuarto curso de piano en el Conservatorio y Profesora de Música; Alejandro, estudiante de cuarto curso de violín en el Conservatorio y baterista; Galo, colegial, según su padre es el que más actitudes tiene para la música, pero desgraciadamente no quiere saber nada de instrumentos. Los demás Larry, Nancy y Janeth, son de cortedad. Al finalizar estos apuntes, en tono festivo el Maestro Bonilla Chávez agrega: – “Pero el mayor de mis hijos es su amigo el “Manito” Héctor”.

“El Manito” Héctor es nada más que Héctor Bonilla, Director Artístico de IFESA. Separados sus edades por 12 años de diferencia, correspondió a Carlos hacerlas de padres y profesor de Héctor. Este lo llama “papá” y reconoce que todos sus conocimientos los debe a su hermano mayor, al mismo que considera muy encima de él en materia musical sobre todo en el campo de la instrumentación para temas nacionales.

Autor de la entrevista: Francisco Horacio Romero Albán “Pancholín” publicada en la Revista Estrellas No 44 de abril de 1969.
Transcripción del original: Francisco Xavier Romero Muñoz.